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Como afrontar el proyecto de tu vivienda

Llegado el momento todos sentimos la necesidad de invertir en nuestra vivienda. Para la mayoría, esta será una de las decisiones económicas más importantes de su vida y por eso hay que analizar cuidadosamente todas las opciones disponibles. Al embarcarnos en esta tarea serán muchos los amigos y conocidos que intentaran aconsejarnos basándose en experiencias similares, con el objetivo de ayudarnos a tomar la dirección adecuada, evitando caer en sus mismos errores. También hay muchas ideas “preestablecidas”, comúnmente aceptadas, que pueden llegar hasta nosotros pero, ¿como podemos saber cuáles son ciertas?

Un proyecto es el resultado del conjunto de todas las decisiones tomadas en un momento concreto, algunas de las cuales no sabremos si fueron acertadas hasta que el tiempo nos proporcione una perspectiva más amplia, por lo que un punto de vista más experimentado nos puede resultar de gran ayuda. Como punto de partida podemos considerar que en todo proyecto siempre existen 2 tipos de limitaciones:

  • Las CONDICIONES vienen impuestas principalmente por el entorno y son INVARIANTES: diferentes normativas de aplicación, edificabilidad permitida y dimensiones de la parcela, condiciones climáticas de la zona, presupuesto disponible, etc; no podemos modificar ninguno de estos parámetros y por tanto tenemos que adaptarnos a ellos pero, en contra de la creencia habitual, no suelen ser los que  limitan un proyecto.
  • Los CONDICIONANTES sin embargo, vienen determinados por las personas y son VARIABLES. Preferencias personales, necesidades puntuales, ideas preconcebidas, modas y costumbres son algunos ejemplos y, aunque a priori tienen carácter flexible, son los que en la práctica limitan un proyecto o no permiten aprovechar su verdadero potencial.

Por nuestra parte queremos ofrecer una serie de reflexiones básicas con el único objetivo de cuestionar algunos de estos condicionantes, despejando un poco el camino de aquellas ideas que puedan distorsionar el desarrollo del proyecto.

“una habitación de 10 m2 es mayor que una de 9 m2”

No necesariamente cierto. Es evidente que la superficie es un valor fundamental cuando se proyecta un determinado espacio, pero tan importantes como la superficie son la proporción y la distribución. Cada espacio requiere de unas determinadas dimensiones mínimas para poder albergar sus funciones propias, además de una correcta circulación que sea compatible con esas funciones. Por debajo de esos valores empiezan a aparecer problemas o incompatibilidades.

“un presupuesto menor significa una vivienda peor”

Este suele ser uno de los puntos de partida más comúnmente equivocados. Por suerte, las mejores herramientas de la arquitectura son también las más económicas -la proporción de los espacios, la luz, el soleamiento, las vistas, las orientaciones, etc.- y para poder utilizarlas se requiere de un único ingrediente: la imaginación.

Un espacio mal orientado, dimensionado o distribuido se puede decorar con los materiales más nobles y seguirá siendo un mal espacio. Una vivienda mejor no se caracteriza por unos acabados deslumbrantes, sino por una buena distribución, proporciones adecuadas entre sus estancias, circulaciones coherentes y huecos bien orientados que aporten el soleamiento e iluminación necesarios a las estancias a las que sirven.

Colocar una puerta o una ventana en el lugar equivocado cuesta el mismo dinero que ponerla en el lugar correcto, aunque es posible que no cueste el mismo tiempo dar con la solución. Al igual que en la gastronomía, un buen proyecto tambien requiere del punto de maceración adecuado.

“todo no es legalizable”

En ocasiones se acude a un profesional después de haber ejecutado algún tipo de obra, sin el asesoramiento ni los permisos legales necesarios, para que intente regularizar la situación. El problema es que en muchas ocasiones, simplemente, esto no es posible puesto que el daño ya está hecho y la tarea del profesional consiste únicamente en intentar minimizarlo.

Por desgracia esta situación es mucho más habitual de lo que pensamos. Para evitarlo, desde ARKESPAI recomendamos que antes de comenzar cualquier tipo de actuación, al menos se efectúe una consulta a un profesional para que pueda advertir a tiempo de las posibles consecuencias.

“las obras siempre cuestan mucho más que en el presupuesto”

Probablemente este concepto se empezó a forjar a raíz de la enorme cantidad de noticias aparecidas en los medios de comunicación sobre los múltiples abusos presupuestarios habidos en la obra pública en los últimos años. En el ámbito público, esto ha sucedido por una serie de intereses complejos que no son totalmente extrapolables al ámbito privado.

En el ámbito privado esta situación mayoritariamente se debe a un único motivo: una planificación deficiente. Obviamente, en cualquier proyecto siempre pueden ocurrir imprevistos debidos a causas imponderables, pero sin ninguna duda la práctica totalidad de los desvíos presupuestarios  se deben a una mala planificación, bien por una actuación negligente o bien por la inexperiencia. El presupuesto de un proyecto es, probablemente, el documento fundamental, a la hora de poder contratar las obras y de su correcta redacción depende en buena medida el éxito de una obra.

Desde ARKESPAI además de elaborar toda la documentación necesaria para el proyecto, entre la que se incluye el presupuesto, podemos acompañarle tanto en el proceso de contratación de las obras como durante la selección de los materiales que prefiera para sus acabados, de modo que pueda disponer en todo momento del máximo apoyo posible.